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Pastor Julio Rodríguez - Iglesia Nueva Vida
En este siglo en que vivimos, donde la confusión y el temor están por doquier; donde el egoísmo y la maldad son parte de nuestro diario vivir, Dios quiere revelarnos la grandeza de Su misericordia a toda la humanidad.
Es por esto que el Señor nos habla hoy a través de Su palabra de igual manera que lo hacía cuando estaba en la tierra, hace alrededor de 2,000 años.
La Biblia nos dice que el Señor Jesús dió inicio a su ministerio terrenal inmediatamente supo que su precursor, Juan el Bautista, había sido encarcelado; y que el Señor eligió para ello la ciudad de Capernaúm de Galilea. Esta era una ciudad con mucho movimiento comercial y un alto nivel de corrupción, similar al que vemos hoy en día en las grandes ciudades del mundo.
La Biblia dice que
"El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció" (Mateo 4:16).No se refiere este pasaje a la oscuridad física, sino espiritual; ni a la luz del sol o algún otro astro, sino a la luz de Dios: Cristo Jesús.
Aquí podemos ver maravillados la gracia de Dios hacia un pueblo que no lo busca y que camina, engañado por el maligno, hacia la muerte eterna; y vemos con alegría cómo entonces apareció el Hijo de Dios en la tierra:
"para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8).Así como Jesús tuvo compasión de aquel pueblo y los visitó con Su amor y poder; así también está visitándonos en nuestros días, porque
"Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Romanos 5:20).Dios quiere que todo el mundo venga al arrepentimiento para que sea salvo por medio de Jesucristo, el único camino al Padre. Es por eso que el primer mensaje que Jesús dió al pueblo de Capernaúm fue:
"Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 4:17). En otras palabras, el hecho de que Jesús estuviera entre ellos, era una indicación que el reino de Dios sería establecido para darles vida, paz y abundancia del conocimiento de la gracia de Dios en Cristo Jesús; de manera que no anduvieran ansiosos ni temerosos pues Dios se había acordado de ellos y ahora podrían vivir confiados. Sin embargo, hay un requisito que debe ser satisfecho para que Dios pueda traer todo Su bien a una vida humana: Arrepentimiento.Arrepentirse quiere decir estar consciente de que la vida que he llevado hasta este momento, no era agradable a los ojos de Dios mi creador; y al conocer el gran amor que Dios me tiene, me duele de todo corazón la ofensa que le he hecho. Decido entonces tomar la mano amiga que Jesús me extiende y vengo humillado ante Dios para recibir la gracia de Su perdón.
Esta reconciliación es genuina pues la Biblia me dice que Cristo pagó con Su sangre, en la cruz del calvario, todos mis pecados; y que si yo acepto Su sacrificio como una ofrenda por mí, reconociendo que El muró en mi lugar, yo tendré vida eterna y seré hecho hijo de Dios. Al pedirle perdón a Dios de todo corazón por todo lo que he hecho, es tranquilizante saber que la Biblia dice que
"Si confesamos nuestros pecados El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).
Eso es lo que Dios quiere hacer por tí, por mi y por toda la humanidad: Perdonarnos y restaurar nuestra comunión con El.
Ya no tenemos que pagar nuestra ofensa con nuestra propia vida sino que Dios aplica todo el peso de la ley sobre Su Hijo Jesús y nos declara a nosotros perdonados y LIBRES! por Su gracia infinita.
"Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:23).
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios2:8-9).
Es maravilloso conocer que tenemos paz con Dios a través de Jesús, pero esto no se queda allí. Dios nos ha dado el privilegio también de participar a otros la gran bendición que hemos recibido. Dios quiere que nosotros digamos a nuestros amigos, vecinos, familiares, etc., que El también los ama a ellos y que si reciben a Jesús en su corazón no andarán más en oscuridad, pues la luz de Dios iluminará sus vidas y serán victoriosos en todo lo que hagan; y estarán respaldados por el mismo reino de los cielos.
Debemos anunciar y proclamar las virtudes de Cristo, para que aquellos a quienes amamos puedan participar de lo que Dios nos ha dado y puedan ser lo hoy somos:
"Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable" (1Pedro 2:9)¡ Dios te ilumine, bendiga y fortalezca !
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