Pastor Julio Rodríguez
Iglesia Nueva Vida
El ser humano ha sido diseñado y creado de manera muy especial, capaz de pensar y tomar decisiones. Puede actuar acorde a su mejor criterio o puede desentenderse de las situaciones que la vida le presenta, si así lo desea. Es lo que se llama, en otras palabras, el poder de elección o libre albedrío (ver Deuteronomio 30:15-20).
Este poder, además de ser un gran privilegio que Dios ha dado a la humanidad, es al mismo tiempo una magna responsabilidad pues esta libertad que Dios nos ha concedido hace que cada persona sea responsable de sus actos ante nuestro creador, ante quien todos, algun día, tendremos que rendir cuentas (Romanos 14:10; 2 Corintios 5: 10; Apocalipsis 20: 11-13 ).
El hombre tiene ante sí este terrible dilema de elección:
- Vivir una vida egoísta, auto-complaciente y desordenada, desechando los principios revelados por Dios en las Sagradas Escrituras; o
- Vivir de acuerdo a la voluntad del Creador, sometiendo gustosamente su libre albedrío bajo la autoridad y el dominio de Dios; para disfrutar de todas las bendiciones que Dios que Dios ha provisto para sus hijos.
La Biblia enfoca este conflicto de varias maneras; por ejemplo:
* Andar según el Espíritu o según la carne
"Digo, pues, andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne, porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne" (Gálatas 5:16-17a).
* Pensar en las cosas del Espíritu o en las de la carne.
"Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu" (Romanos 8:5)
* Amar las cosas del mundo o amar las cosas de Dios.
"No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo; porque todo lo que está en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no provienen del Padre sino del mundo" (1 Juan 2: 15-16).
Dios nunca nos abandona, pero respeta nuestras decisiones y en su gran fidelidad nos ha dado su Palabra, la Biblia, mediante la cual nos habla, nos orienta, educa, guía y exhorta. Es la fuente de luz que Dios ha puesto a nuestra disposición para que no tropecemos mientras estamos peregrinando aquí en la tierra... pero de nosotros depende si la aceptamos o rechazamos.
Cada vez que Dios nos sugiere algo, nos indica el motivo. Asi por ejemplo, después de los versículos que vimos anteriormente, la Palabra nos dice:
"Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley (Gálatas 5:18)
"Porque el ocuparse de la carne es muerte pero el ocuparse del Espíritu
es vida y paz. (Romanos 8:6); y
"Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios
permanece para siempre (1Juan2:17).
Nuestro Señor Jesucristo lo habló muy claramente, cuando dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo; tome su cruz cada día y sígame. Porque el que quiere salvar su vida la perderá; y todo aquel que pierda su vida por la causa de mí éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo y se destruye o se pierde a sí mismo? (Lucas 9:23-25)
He aquí entonces, la base del dilema:
Mientras vivimos en este mundo estamos siendo asediados y tentados por todos lados por el enemigo de nuestras almas, para que no prestemos atención a las cosas de Dios; las cuales, aunque están en el ámbito invisible y/o futuro, son reales, verdaderas, convenientes y deseables. Es la función del maligno que los humanos no rindamos honor y gloria a nuestro Creador, por lo que busca que nos enfoquemos sólamente en nosotros mismos y en las cosas que deseamos tener aquí en la tierra (las cuales son pasajeras), con tal de hacernos fracasar para siempre.
Pareciera que estamos librando una lucha desigual en la que la humanidad batalla contra fuerzas poderosas e invisibles, con muy pocas probabilidades de ganar; sin embargo, la Biblia nos declara algo muy diferente:
"Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8b).
"Cristo Jesús despojó a los principados y potestades, los exhibió públicamente
y triunfó sobre ellos en la cruz" (Colosenses 2:15).
"Porque de tal manera amó Dios a la humanidad que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).
"De cierto de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas a pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).
"Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece" (Filipenses 4:13).
Vemos entonces que Dios es totalmente fiel y que no nos ha dejado solos. De echo él ha tomado la iniciativa para poder salvarnos: "Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida" (Romanos 5: 8-10).
En la lucha contra el pecado Dios también nos dió la victoria, nuestra fe (1Juan 5:4); y nos dió el poder del Espíritu Santo que es mayor que el poder del enemigo. (1Juan 4:4).
Sólo debemos reconocer lo siguiente:
- Aunque parecemos buenos, no podemos venir a Dios sólo por nuestra justicia; pues no somos perfectos. Es necesario, imprescindible, poner a un lado nuestras obras y descansar exclusivamente en la perfecta obra de Cristo en la cruz, para poder conseguir la perfecta justicia que Dios demanda; pues Dios es quien nos justifica (Efesios 2:8-9; Romanos 8:33).
-Debemos decidir abandonarnos en las manos de Dios reconociéndolo como Señor sobre nuestras vidas, y permitirle al Espíritu Santo de Dios que nos enseñe, nos ayude y nos guíe a toda verdad.
-Debemos dejar que Dios actúe en nosotros como El considera que es más conveniente y entender que Su infinita sabiduría y Su inigualable poder, serán usados para mostrar el eterno y gran amor que Dios tiene por cada uno de nosotros.